Tus ojos clavados en aquel espejo
de una calle cualquiera de Alicante.
Quietos, inmóviles,
sin reconocerse...
en silencio.
"¿Soy yo?"
Sin poder reconocerte,
comienzas a observarte,
te tocas la cara...
y esa del espejo
también lo hace.
Tiene tu misma peca,
justo debajo del labio,
en la comisura de la boca,
la misma frente amplia
y el pelo lleno de electricidad.
Sin duda, eres tú,
quizás un poco más cansada,
un poco más vieja y con una
extraña sensación...
¿cómo he llegado a ser la chica del espejo?
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