Aprender a vivir con ella,
saber cómo callarla,
jugar a calmarla.
Sosegarla con dosis de
sal, salitre y algo de sol.
Aprender a tenerla
todos los días contigo,
aceptando que ha venido
para quedarse.
Querer darle los buenos días.
Bienvenida seas, incertidumbre.